Abrazo Incontrolado de la Vida

No agosta sus lagares el Tiempo

vendimiando cosechas de milenios,

ni tiembla la mano del Destino

trazando caminos en el cielo.

¿Dónde anida el poder de Cronos?

¿Qué fuerza omnipresente impulsa sus fauces destructoras?

¿Por qué ha de cumplirse, inapelable,

la condena del Hado caprichoso?

Bajo capas de orgullo y prepotencia

ocultan, despiadados,

la envidia lujuriosa

por hielos infinitos acunada

ante el hecho incontrolable de la vida.

Incrustados en el monolítico péndulo del nunca jamás,

a sus flácidos oídos de dioses inmutables llega

la renovada armonía azul de las estrellas.

Ante su imperturbable presencia

de demacrados y estériles dioses,

resplandece, débil,

la limpia sonrisa,

el aleteo tenue sobre la flor dormida.

Siempre será posible el palpitar

de un corazón nuevo

con sangre de fuego arrebatado

a los cielos recelosos.

Que entiende de sabores y temores,

de gozos y esperanzas compartidos,

de caricias en la piel caliente y fría

del mortal que muere porque vive,

que  sufre porque goza,

que ama porque siente y pide a gritos

el abrazo incontrolado de la vida.

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